
Reflex es el nombre que lleva la exposición del brasileño Vik Muniz, de la cual se desprende la interrogante de la cultura visual. ¿Qué quiere que veamos?
A través de 173 fotografías, desarrolla un proceso de percepción de distintos materiales reunidos en función de algo opuesto a su naturaleza, en la que el tiempo y el movimiento son factores fundamentales para su apreciación. Como buen proceso, requiere de un "antes" y un "después"; un "lejos" y un "cerca" para entender el complejo de su obra.
Por otra parte, dicha creación está condicionada por los materiales que emplea para formar imágenes, cuando el material ya es una imagen por si mismo. Es pues que cuestiona la relación historia-imagen, tanto del inconsciente colectivo, como del individual presente en la memoria. Muniz juega entonces con lo que presenta a primera instacia e invita al segundo vistazo para descubrir algo completamente diferente con una absurda relación de cordura personal, pues para Vik Muniz, sólo la mitad de la obra pertenece al artista, mientras que la otra parte corresponde a la dinámica espectador-objeto; es decir, lo que interpreta y despierta en el primero, involucrándolo activamente en esta relación.
Polvo, alambre, azucar, hilos, chocolate, tierra y nubes, entre otros, son los materiales elegidos por el brasileño a través de casi 30 años de trayectoria para crear imágenes del mundo que observa y desea transmitir.
En conslusión, es la construcción de una realidad artificial el eje de la obra del artista; en un mundo de percepción visual en el que hacemos a un lado otros sentidos que bien nos podrían advertir de las trampas de las apariencias. Desde mi punto de vista, es Muniz quien nos facilita vías para hacerlo consciente. Un contaataque a la imagen desde la imagen misma con la ilusión que le merece.
A través de 173 fotografías, desarrolla un proceso de percepción de distintos materiales reunidos en función de algo opuesto a su naturaleza, en la que el tiempo y el movimiento son factores fundamentales para su apreciación. Como buen proceso, requiere de un "antes" y un "después"; un "lejos" y un "cerca" para entender el complejo de su obra.
Por otra parte, dicha creación está condicionada por los materiales que emplea para formar imágenes, cuando el material ya es una imagen por si mismo. Es pues que cuestiona la relación historia-imagen, tanto del inconsciente colectivo, como del individual presente en la memoria. Muniz juega entonces con lo que presenta a primera instacia e invita al segundo vistazo para descubrir algo completamente diferente con una absurda relación de cordura personal, pues para Vik Muniz, sólo la mitad de la obra pertenece al artista, mientras que la otra parte corresponde a la dinámica espectador-objeto; es decir, lo que interpreta y despierta en el primero, involucrándolo activamente en esta relación.
Polvo, alambre, azucar, hilos, chocolate, tierra y nubes, entre otros, son los materiales elegidos por el brasileño a través de casi 30 años de trayectoria para crear imágenes del mundo que observa y desea transmitir.
En conslusión, es la construcción de una realidad artificial el eje de la obra del artista; en un mundo de percepción visual en el que hacemos a un lado otros sentidos que bien nos podrían advertir de las trampas de las apariencias. Desde mi punto de vista, es Muniz quien nos facilita vías para hacerlo consciente. Un contaataque a la imagen desde la imagen misma con la ilusión que le merece.
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