
La República Democrática de Congo se encuentra inmersa en una guerra que involucra a varios países de la región y que algunos analistas llaman "la Primera Guerra Mundial" del continente africano.
El conflicto se documenta desde 1998 y cabe señalar la dimensión de dicho en base a la riqueza del país, pues le pertenecen grandes depósitos de minerales y diamantes, hecho que lo convierte en uno de los más ricos de África.
En 1997, Laurent Kabila subió al poder y poco después declaró ilegal la oposición política, cerrando varios periódicos. Más tarde, ordenó a las tropas de Ruanda (cómplices en su campaña militar) que abandonaran el territorio congoleño, a lo que muchos congoleños simpatizantes respondieron levantándose en armas. Kabila acusó a Ruanda y Uganda por el levantamiento. Sin embargo, en medios de prensa regionales e internacionales, se informó entonces que, al menos en el caso de Ruanda, había motivos claros para su participación al mismo tiempo que tenían interés en otro país: Angola.
Se estima que un millón de refugiados hutus -entre ellos milicias extremistas que habían participado en el genocidio de Tutsis- ingresaron al entonces Zaire por la frontera oriental, cuando el Frente Patrótico tomó el poder en Ruanda. Los últimos enfrentamientos se desataron cuando sectores del ejército congolés pertenecientes a la etnia banyamulenge se amotinaron por la expulsión de sus aliados ruandeses.
Hoy mismo, las fuerzas leales a Kabila se enfrentan a los rebeldes en varios frentes. En cuestión de días, las fuerzas rebeldes tomaron el control de varios poblados clave en el este de la República del Congo y llegaron a 300 kilómetros de Kinshasa, la capital. El éxito de las tropas rebeldes indicaría que contaban con el apoyo de Ruanda y que se trataba de una rebelión bien organizada y planeada de antemano.
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